
Es algo que nos ha pasado a todos. Llegas a casa después de un largo día, y tu móvil está al borde del desmayo energético, suplicando por un cargador. Miras la pantalla y piensas: «Pero si no lo he usado tanto…». Muchas veces, el culpable no eres tú, ni siquiera las aplicaciones en sí, sino los permisos que, sin saberlo, les has concedido.
En honor a la transparencia, Android se ha vuelto muy meticuloso pidiendo permiso para casi todo. Cuando instalamos una app, solemos darle al «permitir» sin pensarlo dos veces, con tal de llegar cuanto antes a la funcionalidad que buscamos. Sin embargo, hay varios tipos de accesos en particular que actúan como vampiros silenciosos, chupando la energía de tu smartphone incluso cuando crees que no lo estás usando.
Actividad en segundo plano

Empecemos por el más famoso: el permiso de Actividad en segundo plano. Este no aparece en la lista típica de permisos de cámara o contactos, pero es el rey del consumo oculto. Por defecto, casi todas las apps tienen la capacidad de ejecutarse en segundo plano para que la multitarea sea fluida.
Pero, ¿realmente necesitas que una app de linterna o un juego que apenas abres se mantenga vivo en las sombras? Este permiso permite que la aplicación se reactive, sincronice datos o realice tareas sin que tú la estés mirando. Por eso quitar las apps en segundo plano es una de las medidas más efectivas para alargar la vida de tu batería.
Permisos de ubicación

Otro gran consumidor es el permiso de Ubicación, pero ojo, no todos los niveles de acceso son iguales. Permitir que una app use tu ubicación «todo el tiempo» es una sentencia de muerte para la batería de tu móvil. Esta opción obliga al dispositivo a usar constantemente GPS, WiFi y sensores para triangular tu posición exacta.
Aunque es vital para una app de navegación, una red social no necesita saber dónde estás cada minuto del día. La opción inteligente es casi siempre «Permitir solo mientras se usa la app» o desactivar el acceso para esta clase de apps. Así, esta solo echa mano del GPS cuando la tienes abierta en primer plano o no la usa, dándole un respiro a tu hardware.
Dispositivos cercanos

También existe un permiso algo críptico que pocos usuarios conocen pero que muchas apps tienen concedido: Dispositivos cercanos. Tal vez pienses que con desactivar el Bluetooth estás a salvo, pero no es así. Este permiso permite que las aplicaciones escaneen el entorno en busca de otros dispositivos, como auriculares, altavoces inteligentes o routers, independientemente de si están conectados a tu móvil o no.
Es un escaneo constante del «vecindario» inalámbrico que exige su parte de energía. Lo sorprendente es cuántas aplicaciones sin relación alguna con el audio o el IoT (Internet de las Cosas) tienen habilitado este permiso, gastando batería en una búsqueda innecesaria.
Actualización en segundo plano

Por si todo lo anterior no fuese ya suficiente, a esto se le suma la búsqueda automática de actualizaciones de aplicaciones a la lista de ladrones de batería. Es como tener un explorador que se embarca constantemente a la tarea de buscar actualizaciones y esto, por ende, también incide en el rendimiento de la batería aun si tienes el móvil en estado de inactividad.
Uso y diagnóstico

Por último, Uso y diagnóstico suele estar activa por defecto para mantener comunicación constante con Google. Al igual que el permiso anterior, su constante actividad consume batería, a cambio de enviar datos técnicos sobre el rendimiento del móvil sobre diferentes características como batería, calidad de red, aplicaciones, etc.
De modo que, como ya habrás concluido, cuidar la batería de tu Android no es solo cuestión de bajar el brillo. También te exige ser poco más selectivo con lo que permites. La próxima vez que una app te pida acceso, pregúntate si realmente es necesario concederlo. Elegir adecuadamente puede significar la diferencia entre llegar a casa con batería de sobra o con tu móvil en modo crítico.















